Pasar al contenido principal

10-may.-2026, domingo de la 6.ª semana de Pascua

El amor verdadero —nos recuerda el Evangelio— se da incluso antes de ser correspondido. Es un don anticipado. No se basa en lo que recibe, sino en lo que desea ofrecer.

Día hermoso, bello amanecer y radiante domingo en que nuestros corazones se llenan de felicidad y agradecimiento de ternura y de armonía. Hoy no solo celebramos el día del Señor, sino también el encuentro amoroso con nuestra madre del cielo y nuestras madres en la tierra. 

Queridas madres —que son hermanas tías, sobrinas cuñadas—: en este día el corazón se llena de alegría para poder expresar todo este sentimiento que nos acompaña en nuestro diario vivir, porque contar con ustedes es contar con ese ángel hermoso tierno y al mismo tiempo frágil que son cada una de ustedes. 

Hemos aprendido de nuestra mamá —que ahora está en el cielo— todo el amor, el respeto y la generosidad en el tiempo. En cada una de ustedes vamos encontrando palabras hermosas y llenas de sentimientos amorosos. 

Gracias por el legado de amor y las enseñanzas que dejaron y dejan en nuestras vidas. Aunque no las veamos, su presencia vive en nuestros recuerdos y en cada una de nuestras actividades. 

No hay palabra más hermosa que poder decir en este día: “Te amo mamá, gracias porque me has enseñado el amor generoso y desinteresado que como hijo uno puede encontrar”. Es la ternura, la generosidad y muchas veces la mentira piadosa y amorosa que se encuentra en una madre. Su sencillez y humildad siempre han sido características, a ejemplo de nuestra Madre Santísima, el ser de mamá, abuela, tía y de hermana, de cuñada y de sobrina. No hay otra pintura más grande que puede encontrar el corazón que el de una sonrisa de mamá, sonrisa de fe, esperanza y caridad, como lo fue María, nuestra Madre Santísima.  El Señor les siga regalando ese don de ser madres esposas, hijas y abuelas. 

En María Santísima, nuestra madre, encontramos la mayor protección y auxilio y solo le pido a Dios que las protejan, las bendigan y nos sigan ayudando fortalecidas en la generosidad de sus corazones. Amén. 

Ahora nos inspiramos, Señor, para vivir tu palabra: 

Tú mirabas a tus contemporáneos con los ojos de Dios, con amor.  Fuiste enviado por el Padre para darnos a conocer nuestra realidad; nos invitas y propones a ser lo que somos: humanos en un proceso, camino, para crecer y alcanzar la unidad, en todo somos llamados al Padre celestial. Así mismo, tener presente a Dios, hace nueva nuestra manera de ser y de estar, de hacer, de mirar, de convivir. Tu presencia en nuestra vida nos hace capaces, conscientes, de reconocer tu amor y, por tanto, comprometidos, responsables y buscadores con esperanza, como comunidad, familia de Dios, estamos llamados a seguir progresando, creciendo, para estar más cerca del Padre celestial y hacer realidad tu invitación:  AMAR. 

Un muy feliz y maternal domingo de ternura y cosas bellas al lado de este ser maravilloso que es cada MAMÁ. Bendiciones, besos y abrazos para ELLAS. 

HOY DILE CUÁNTO LA AMAS Y CUÁNTO REPRESENTA SU AMOR Y ENTREGA. 

«Yo rogaré al Padre y os dará el Espíritu Santo»
REFLEXIÓN https://www.iglesiaenaragon.com/domingo-6o-de-pascua-10-de-mayo-de-2026

En estos pocos versículos del evangelio de hoy, se repite por cuatro veces el verbo «AMAR». Naturalmente, no se trata de un mero “amor humano”, sino de un amor divino. 

«Yo rogaré al Padre y os dará el Espíritu Santo» (v. 16). Con la presencia del Espíritu, Jesús puede ya marchar tranquilo al cielo.

1.- Relación entre “mandamientos y amor”. «Si me amáis cumpliréis los mandamientos» (v. 15). Según Jesús nadie puede cumplir los mandamientos sin amor. Es condición indispensable. La razón nos la da san Juan cuando nos dice: «El que no ama está muerto» (1Jn. 3,14).  Según el apóstol es imposible encontrar a un cristiano sin amor, como es imposible encontrar a un ser vivo sin pulso. A veces hacemos cosas buenas, incluso muy buenas; pero no agradan a Dios porque están viciadas en su raíz. Las hacemos para que nos estimen, nos alaben, nos recompensen. Y si lo hacemos así, ya hemos recibido la paga.  Lo importante es hacer las cosas únicamente para ser vistos por nuestro Padre Dios «que ve en lo secreto». (Mt. 6,18). Nos tenemos que preguntar constantemente no por lo que hacemos sino “desde dónde lo hacemos”.

2.– «El que ama es amado del Padre» (v.22).  La mejor manera de saber que Dios nos ama es a través del amor. Y la vida cambia totalmente cuando uno está seguro de que Dios Padre le quiere. Toda la misión de Jesús se redujo a esto: a que llegáramos a la experiencia vivencial de sentirnos amados por Dios.  En el monte y en el río; en la playa o en el mar, en el día o en la noche, en la vida o en la muerte, hay una presencia permanente de Dios que me envuelve, me acaricia, me relaja, me da paz y gozo. Disfrutar de esta presencia es encontrar la raíz de mi felicidad. Por eso, en la primera lectura se nos ha dicho «que la ciudad se llenó de alegría».

Dice el Papa León XIV: “El amor verdadero —nos recuerda el Evangelio— se da incluso antes de ser correspondido. Es un don anticipado. No se basa en lo que recibe, sino en lo que desea ofrecer. Es lo que Jesús vivió con los suyos: mientras ellos aún no entendían, mientras uno estaba a punto de traicionarlo y otro de renegar de él, Él preparaba una cena de comunión para todos”.

Por ello, el Pontífice instó a los fieles a “preparar la Pascua del Señor. No sólo la litúrgica, sino también la de nuestra vida”. 

Y detalló: “Cada gesto de disponibilidad, cada acto gratuito, cada perdón ofrecido por adelantado, cada esfuerzo aceptado con paciencia es una forma de preparar un lugar donde Dios puede habitar” (Papa León XIV, 11 de abril de 2026).

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.