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2-jul.-2026, jueves de la 13.ª semana del T. O.

pidamos al Señor el don de entender dónde se ha bloqueado nuestra vida. Intentemos dar voz a nuestro deseo de sanar

Bendecido y agradecido despertar el que nos concede tu amor y en respuesta a tu bondad, lo viviremos alegres y en servicio. Cuando estamos enfermos valoramos la salud. El tener sed nos ayuda a valorar el agua. Cuando alguien parte de nuestro lado valoramos su ausencia. Cuando todo va bien, damos por supuesto lo que tenemos. Sólo cuando hemos pasado por la necesidad, podemos valorar lo que Tu nos regalas. Tu lección de amor de hoy comienza con una carencia: hay un hombre postrado. Quizá nació así. Quizá llevaba muchos años. Quizá estaba tan postrado, que ni pensaba en la posibilidad de ponerse en pie. Pero hay alguien que desea algo diferente para él. Los primeros en desearlo son los que tiene cerca, que lo llevan a Ti. Y tú sabes reconocerlo: «viendo la fe que tenían…». Y también Tú deseas algo mejor para el que está postrado: que camine.

Esa es la salvación que Tú vienes a traernos: liberarnos del pecado que nos hace estar postrados, vivir de lo viejo, centrarnos en lo nuestro, hacer daño a otros. Gracias te damos, porque nos ofreces el perdón y nos abres a una vida nueva, que necesitamos actualizarla cada día. Levántate y anda”. Qué bella expresión, porque a veces estamos postrados de desilusiones y pesimismos, de egoísmos y desesperanza. Para caminar erguidos, nos ha hecho El Padre celestial. Con capacidad de mirar a los ojos de nuestros hermanos. Con la posibilidad de elevar la vista al horizonte y ver un nuevo amanecer y nuevas ilusiones. Para descubrir al Padre que quiere lo mejor para nosotros y a los hermanos que necesitan ser llevados ante Ti. Ayúdanos a coger la camilla de la fe y de la esperanza, para llevar amor y servicio en ella y no hermanos paralíticos. Amén.

Feliz y sanador jueves con bendiciones de amor y misericordia. 

Palabra del Papa

Jesús se dirige específicamente a un hombre que está paralizado desde hace treinta y ocho años. Ya está resignado, porque no logra sumergirse en la piscina cuando el agua se agita (cfr v. 7). En efecto, aquello que muchas veces nos paraliza es precisamente la desilusión. Nos sentimos desanimados y corremos el riesgo de caer en la dejadez.

[...] «¿Quieres curarte?» (v. 6). En cambio, es una pregunta necesaria, porque, cuando uno se encuentra bloqueado desde hace tantos años, puede también faltarle la voluntad de sanarse. [...] 

Este hombre está expresando una visión fatalista de la vida. Pensamos que las cosas nos pasan porque no somos afortunados, porque el destino nos es adverso. Este hombre está desanimado. Se siente derrotado en la lucha de la vida.  

Jesús en cambio lo ayuda a descubrir que su vida también está en sus manos. Le invita a levantarse, a alzarse de su situación crónica, y a recoger su camilla (cfr v. 8). Ese camastro no se deja o se echa: representa su pasado de enfermedad, es su historia. Hasta aquel momento el pasado lo ha bloqueado; lo ha obligado a yacer como un muerto. Ahora es él que puede cargar aquella camilla y llevarla a donde quiera: ¡puede decidir qué cosa hacer con su historia! Se trata de caminar, asumiéndose la responsabilidad de escoger cual camino recorrer. ¡Y esto gracias a Jesús!

Queridos hermanos y hermanas, pidamos al Señor el don de entender dónde se ha bloqueado nuestra vida. Intentemos dar voz a nuestro deseo de sanar. (León XIV, audiencia general, miércoles, 18 de junio de 2025).

Se trata de caminar, asumiéndose la responsabilidad de escoger cual camino recorrer. ¡Y esto gracias a Jesús!
ORACIÓN 

Hoy, Señor, vengo a la oración para que me cures. Es un grave error el pensar que los milagros que tú realizaste en otro tiempo sólo se referían a aquellas personas que vivían en el siglo primero y entraron en relación contigo. Lo importante es el significado de aquellos acontecimientos que tendrían un valor perenne y permanente para todos los tiempos. Hoy soy yo el que quiero aprovecharme de aquel milagro. Hoy necesito que me cures mi parálisis espiritual. Amén 

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-2-de-julio-de-2026

Ser curado de una enfermedad siempre es gratificante, como lo fue para este paralítico.  Naturalmente que ese hombre se sentía feliz de poder caminar. Ya no exigía más a Jesús. Pero Jesús, que nos conoce por dentro, sabe que tenemos en el corazón ataduras internas, parálisis del alma, que nos impiden ser felices. Por eso no se limita a otorgar al paralítico una curación meramente externa para poder moverse por este mundo y no depender ya de otros. Quiere liberar a este hombre de la parálisis interior, la que le impide caminar en el mundo del espíritu, en el mundo de Dios. Quiere liberarle del pecado como “alienación total”. Por eso se le acerca y le dice: “Tus pecados te son perdonados”.   La curación física del paralítico sólo es la señal y garantía del poder de Jesús para liberarnos a todos de la parálisis interior. Esta fuerza liberadora de Jesús se hace presente en el Sacramento del perdón. Jesús siempre lo vinculó a un banquete o a una fiesta. Debería ser el Sacramento de la alegría y nosotros, a veces, lo hemos convertido en el sacramento del miedo. Algo estamos haciendo mal cuando el Sacramento de la ternura lo hemos convertido en Sacramento de la tortura. Y aquello que debería ser una fiesta se ha convertido en fuente de tristeza y angustia. Urge resituar este sacramento en la perspectiva de Jesús.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.