Bendecido y agradecido despertar el que nos concede tu amor y en respuesta a tu bondad, lo viviremos alegres y en servicio. Cuando estamos enfermos valoramos la salud. El tener sed nos ayuda a valorar el agua. Cuando alguien parte de nuestro lado valoramos su ausencia. Cuando todo va bien, damos por supuesto lo que tenemos. Sólo cuando hemos pasado por la necesidad, podemos valorar lo que Tu nos regalas. Tu lección de amor de hoy comienza con una carencia: hay un hombre postrado. Quizá nació así. Quizá llevaba muchos años. Quizá estaba tan postrado, que ni pensaba en la posibilidad de ponerse en pie. Pero hay alguien que desea algo diferente para él. Los primeros en desearlo son los que tiene cerca, que lo llevan a Ti. Y tú sabes reconocerlo: «viendo la fe que tenían…». Y también Tú deseas algo mejor para el que está postrado: que camine.
Esa es la salvación que Tú vienes a traernos: liberarnos del pecado que nos hace estar postrados, vivir de lo viejo, centrarnos en lo nuestro, hacer daño a otros. Gracias te damos, porque nos ofreces el perdón y nos abres a una vida nueva, que necesitamos actualizarla cada día. Levántate y anda”. Qué bella expresión, porque a veces estamos postrados de desilusiones y pesimismos, de egoísmos y desesperanza. Para caminar erguidos, nos ha hecho El Padre celestial. Con capacidad de mirar a los ojos de nuestros hermanos. Con la posibilidad de elevar la vista al horizonte y ver un nuevo amanecer y nuevas ilusiones. Para descubrir al Padre que quiere lo mejor para nosotros y a los hermanos que necesitan ser llevados ante Ti. Ayúdanos a coger la camilla de la fe y de la esperanza, para llevar amor y servicio en ella y no hermanos paralíticos. Amén.
Feliz y sanador jueves con bendiciones de amor y misericordia.
Palabra del Papa
Jesús se dirige específicamente a un hombre que está paralizado desde hace treinta y ocho años. Ya está resignado, porque no logra sumergirse en la piscina cuando el agua se agita (cfr v. 7). En efecto, aquello que muchas veces nos paraliza es precisamente la desilusión. Nos sentimos desanimados y corremos el riesgo de caer en la dejadez.
[...] «¿Quieres curarte?» (v. 6). En cambio, es una pregunta necesaria, porque, cuando uno se encuentra bloqueado desde hace tantos años, puede también faltarle la voluntad de sanarse. [...]
Este hombre está expresando una visión fatalista de la vida. Pensamos que las cosas nos pasan porque no somos afortunados, porque el destino nos es adverso. Este hombre está desanimado. Se siente derrotado en la lucha de la vida.
Jesús en cambio lo ayuda a descubrir que su vida también está en sus manos. Le invita a levantarse, a alzarse de su situación crónica, y a recoger su camilla (cfr v. 8). Ese camastro no se deja o se echa: representa su pasado de enfermedad, es su historia. Hasta aquel momento el pasado lo ha bloqueado; lo ha obligado a yacer como un muerto. Ahora es él que puede cargar aquella camilla y llevarla a donde quiera: ¡puede decidir qué cosa hacer con su historia! Se trata de caminar, asumiéndose la responsabilidad de escoger cual camino recorrer. ¡Y esto gracias a Jesús!
Queridos hermanos y hermanas, pidamos al Señor el don de entender dónde se ha bloqueado nuestra vida. Intentemos dar voz a nuestro deseo de sanar. (León XIV, audiencia general, miércoles, 18 de junio de 2025).
