Saciados en tu bondad y amor, te damos gracias porque hoy podemos mirar este día con optimismo, con alegría y con fe, pero ante todo con mucha vida, la vida que tú nos quieres regalar.
Oh, Dios de vida: Tú quieres que vivamos y seamos felices. Tú nos aseguras «Yo soy la resurrección y la vida». No permitas que tu vida muera en nosotros. Haz que salgamos de nuestras tumbas de pecado, de nuestra mediocridad y de nuestros temores. Que la vida triunfe en nosotros, aun en nuestras pruebas e incertidumbres y haz que nuestra esperanza sea contagiosa para otros. Gracias, porque tú nos has destinado a una verdadera vida y plenamente feliz. Hoy te queremos pedir que nos resucites de nuestras muertes de miedo para afrontar las situaciones adversas; nuestras muertes de desesperanza cuando no hemos confiado plenamente en ti y de nuestra muerte de parálisis cuando hemos permitido que las mortajas de la indiferencia, la pereza y el egoísmo nos mantengan inmovilizados. Infunde en nuestros corazones tu espíritu de vida para que la tengamos abundante y esperanzadora. Gracias, Señor. Amén.
A tus manos nos confiamos. Felicidades y buen descanso.
PALABRA DEL PAPA
El Evangelio de este quinto domingo de Cuaresma es el de la Resurrección de Lázaro (...) Jesús podría haber evitado la muerte de su amigo Lázaro, pero quiso hacer suyo nuestro dolor por la muerte de nuestros seres queridos y, sobre todo, quiso mostrar el dominio de Dios sobre la muerte. En este pasaje del Evangelio vemos que la fe del hombre y la omnipotencia de Dios, el amor de Dios, se buscan y, finalmente, se encuentran. Es como un doble camino: la fe del hombre y la omnipotencia del amor de Dios se buscan y finalmente se encuentran. Lo vemos en el grito de Marta y María y todos nosotros con ellas: «¡Si hubieras estado aquí!». Y la respuesta de Dios no es un discurso, no, la respuesta de Dios al problema de la muerte es Jesús: «Yo soy la resurrección y la vida...» ¡Tened fe! En medio del llanto seguid teniendo fe, aunque la muerte parezca haber vencido. ¡Quitad la piedra de vuestro corazón! Que la Palabra de Dios devuelva la vida allí donde hay muerte”. También hoy nos repite Jesús: «Quitad la piedra». (...) Cristo vive, y quien lo acoge y se adhiere a Él entra en contacto con la vida. (Papa Francisco, Ángelus 29 de marzo de 2020)
ORACIÓN https://www.iglesiaenaragon.com/domingo-5o-de-cuaresma-22-de-marzo-de-2026
Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.
Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.
REFLEXIÓN https://www.iglesiaenaragon.com/domingo-5o-de-cuaresma-22-de-marzo-de-2026
1.– “Nuestro amigo Lázaro está dormido”. […] La muerte ya no es lo irremediable, ni lo definitivo, ni el final del camino. Para Jesús la muerte es una “pascua” es decir un “paso” para la auténtica vida. Podemos decir que el que muere no ha llegado al fin, sino que ha cumplido su finalidad. Nos lo dejó escrito el gran sacerdote español Martín Descalzo antes de su muerte ya inminente: “Morir sólo es morir. Morir se acaba. Se acaba de sufrir y hacer preguntas. Morir es tener paz y luz y casa juntas. Y hablar, dejando los dolores lejos, la noche luz, tras tanta noche oscura”. (El pájaro solitario). Y puesto que la muerte es un sueño, los que creemos en Jesús podemos soñar. Y necesitamos soñar mucho en estos momentos tan críticos que estamos viviendo en España.
2.– Jesús está cerca de las personas que sufren la ausencia de los que ya han muerto. No hay duda de que Jesús tenía muchas cosas que hacer. A veces, “ni le dejaban tiempo para comer”. Pero sacaba tiempo para estar con las personas que sufrían. Por eso se hizo presente en casa de Marta y de María, hermanas de Lázaro, a las que tanto quería. Y no las consuela con palabras bonitas, sino haciéndose solidario en su dolor. “Y Jesús lloró”. Nuestro Dios tiene sentimientos y no puede ver sufrir. Y hace de esas lágrimas, expresión de amor. “Mirad cuanto le quería”. La cercanía con las personas que sufren nos arranca lo mejor que tenemos: nuestra ternura. Y esa ternura la expresamos con nuestras palabras, nuestros silencios, nuestro apretón de manos, nuestros besos, nuestros abrazos o nuestras lágrimas.
El Papa León XIV explicó que esta esperanza no es un consuelo ilusorio frente al dolor, sino la certeza fundada en la resurrección de Jesús: “Él es el punto de llegada de nuestro caminar. Sin su amor, el viaje de la vida se convertiría en un vagar sin meta, un trágico error con un destino perdido”. Recordó que el Resucitado nos conduce a casa, donde somos esperados, amados y salvados.” (Vaticano 2-nov. 2025)
PREGUNTAS
1.– ¿Me estoy preparando para desdramatizar la muerte cuando llegue? ¿Cómo?
2.- ¿Me gusta estar cerca de las personas que han perdido algún ser querido y expresarles mi cariño? ¿Y cuándo las circunstancias no me dejan tener estas manifestaciones explícitas?
3.- ¿Estoy convencido de que Jesús no hubiera venido a este mundo para dejar todo como estaba? ¿Me lo creo?

