Nuevo y alegre, amanecer en este último día laboral, prácticamente culminando nuestro hermoso mes de mayo, dedicado a nuestra madre del cielo y a nuestras madres de la tierra. Ha sido un tierno y fructífero mes en el que hemos honrado a san José, modelo de padre y de esposo, modelo de trabajador. También hemos vivido con alegría y esperanza tu Ascensión al cielo. Nos alegramos honrando a nuestra madre en dos hermosas fiestas Nuestra Señora de Fátima y María Auxiliadora y vamos a terminar nuestro mes festejando a Nuestra Santísima Trinidad. Te damos gracias y te bendecimos por tu bondad.
Ahora —reflexionando en tu palabra— nos pides tener fe. Hay que descubrir qué nos quieres decir con el ejemplo de la higuera. Todos tenemos diferentes cualidades, aptitudes, podemos esconderlas y sólo usarlas para nuestro propicio beneficio, o podemos ponerlas al servicio de los demás, enriqueciendo el lugar que nos rodea, a las personas que están con nosotros y ayudando a mejorar el mundo en el que vivimos, a veces esos beneficios llegan más lejos de lo que nos imaginamos.
¿Eres capaz de reconocer los dones que tienes? ¿Descubres los dones de las personas que te rodean? ¿Pones los dones que posees al servicio de los demás?
En ciertos momentos de nuestra vida nos resulta verdaderamente imposible mantener la confianza. Cuando hay personas que nos han decepcionado o fallado, no esperamos nada de ellas, cuando ante varios intentos no conseguimos lo que buscamos, es complicado seguir intentándolo. La higuera nunca dio fruto. No olvidamos tus palabras: «todo cuanto pidáis en la oración, creed que os lo han concedido, y lo obtendréis».
Un muy feliz y deseado viernes lleno de fe.
Las palabras de los Papas
«El templo es el lugar donde la comunidad va a orar, a alabar al Señor, a dar gracias, pero sobre todo a adorar». En efecto, «en el templo se adora al Señor. Este es el punto más importante». Y esta verdad es válida para todo templo y para toda ceremonia litúrgica, donde lo que «es más importante es la adoración» y no «los cantos y los ritos», por bellos que sean. «Toda la comunidad reunida —explicó— mira al altar donde se celebra el sacrificio y adora. Pero creo, humildemente lo digo, que nosotros los cristianos tal vez hemos perdido un poco el sentido de la adoración. Y pensamos: vamos al templo, nos reunimos como hermanos, y es bueno, es bello. Pero el centro está allí donde está Dios. Y nosotros adoramos a Dios». (…) «san Pablo nos dice que somos templos del Espíritu Santo: yo soy un templo, el Espíritu de Dios está en mí. Y también nos dice: no entristezcáis al espíritu del Señor que está dentro de vosotros». En este caso, precisó, podemos hablar de «una especie de adoración, que es el corazón que busca al Espíritu del Señor dentro de sí. Y sabe que Dios está dentro de sí, que el Espíritu Santo está dentro de sí y escucha y le sigue. (…) «el Señor nos conceda este sentido auténtico del templo para poder ir adelante en nuestra vida de adoración y de escucha de la Palabra de Dios». (Francisco - Homilía Santa Marta, 22 de noviembre de 2013)
