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29-may.-2026, viernes de la 8.ª semana del T. O.

«el Señor nos conceda este sentido auténtico del templo para poder ir adelante en nuestra vida de adoración y de escucha de la Palabra de Dios»

Nuevo y alegre, amanecer en este último día laboral, prácticamente culminando nuestro hermoso mes de mayo, dedicado a nuestra madre del cielo y a nuestras madres de la tierra. Ha sido un tierno y fructífero mes en el que hemos honrado a san José, modelo de padre y de esposo, modelo de trabajador. También hemos vivido con alegría y esperanza tu Ascensión al cielo. Nos alegramos honrando a nuestra madre en dos hermosas fiestas Nuestra Señora de Fátima y María Auxiliadora y vamos a terminar nuestro mes festejando a Nuestra Santísima Trinidad. Te damos gracias y te bendecimos por tu bondad. 

Ahora —reflexionando en tu palabra— nos pides tener fe. Hay que descubrir qué nos quieres decir con el ejemplo de la higuera. Todos tenemos diferentes cualidades, aptitudes, podemos esconderlas y sólo usarlas para nuestro propicio beneficio, o podemos ponerlas al servicio de los demás, enriqueciendo el lugar que nos rodea, a las personas que están con nosotros y ayudando a mejorar el mundo en el que vivimos, a veces esos beneficios llegan más lejos de lo que nos imaginamos.

¿Eres capaz de reconocer los dones que tienes? ¿Descubres los dones de las personas que te rodean? ¿Pones los dones que posees al servicio de los demás?

En ciertos momentos de nuestra vida nos resulta verdaderamente imposible mantener la confianza. Cuando hay personas que nos han decepcionado o fallado, no esperamos nada de ellas, cuando ante varios intentos no conseguimos lo que buscamos, es complicado seguir intentándolo. La higuera nunca dio fruto. No olvidamos tus palabras: «todo cuanto pidáis en la oración, creed que os lo han concedido, y lo obtendréis». 

Un muy feliz y deseado viernes lleno de fe. 

Las palabras de los Papas 

«El templo es el lugar donde la comunidad va a orar, a alabar al Señor, a dar gracias, pero sobre todo a adorar». En efecto, «en el templo se adora al Señor. Este es el punto más importante». Y esta verdad es válida para todo templo y para toda ceremonia litúrgica, donde lo que «es más importante es la adoración» y no «los cantos y los ritos», por bellos que sean. «Toda la comunidad reunida —explicó— mira al altar donde se celebra el sacrificio y adora. Pero creo, humildemente lo digo, que nosotros los cristianos tal vez hemos perdido un poco el sentido de la adoración. Y pensamos: vamos al templo, nos reunimos como hermanos, y es bueno, es bello. Pero el centro está allí donde está Dios. Y nosotros adoramos a Dios». (…) «san Pablo nos dice que somos templos del Espíritu Santo: yo soy un templo, el Espíritu de Dios está en mí. Y también nos dice: no entristezcáis al espíritu del Señor que está dentro de vosotros». En este caso, precisó, podemos hablar de «una especie de adoración, que es el corazón que busca al Espíritu del Señor dentro de sí. Y sabe que Dios está dentro de sí, que el Espíritu Santo está dentro de sí y escucha y le sigue. (…) «el Señor nos conceda este sentido auténtico del templo para poder ir adelante en nuestra vida de adoración y de escucha de la Palabra de Dios».  (Francisco - Homilía Santa Marta, 22 de noviembre de 2013)

Mi casa será casa de oración para todos los pueblos. Pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones.
ORACIÓN

Señor, me impresiona esa maldición tuya sobre la higuera. Y pienso que, a veces, yo también soy como esa higuera. Vivo de apariencias, de fachada, pero por dentro no doy fruto. Pasan los días, pasan los años y sigo siempre igual. No hay en mí ningún avance ni progreso. Para la gente soy buena persona, incluso me piden oraciones porque creen que estoy más cerca de Ti. Pero yo no estoy conforme conmigo mismo. Ni me gusta la vida que llevo. Quiero cambiar, necesito cambiar. Amén. 

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-29-de-mayo-de-2026 

Jesús viene de Betania con los doce y se dirige al Templo de Jerusalén. Betania es el lugar donde Jesús se retira a descansar, incluso con sus discípulos. En Betania —donde se vive con gozo la fraternidad— hay tres hermanos: Lázaro, Marta y María. Allí se come, se descansa, y, sobre todo, se escucha a Jesús y se le ama. Jesús a invita los doce a esta “casa de la fraternidad”. Allí se está gestando “la nueva Iglesia”. Una Iglesia doméstica donde se viven los valores del Evangelio con alegría, con sencillez, con amor, con mucho amor. Y desde allí Jesús llega al Templo de Jerusalén, donde se negocia con lo más sagrado; todo se compra y se vende. No hay lugar para la gratuidad. “Los escribas y los fariseos”, es decir, los profesionales del culto están vendidos y sólo buscan el negocio. Jesús no puede tolerar que la casa de su Padre se haya convertido en “cueva de bandidos”.  Y quiere purificar el templo. Los escribas y fariseos son los que más se oponen porque les quitan el negocio. Por eso quieren acabar con Jesús. Jesús no soporta tanta hipocresía. Esa higuera que tiene hermosas hojas y flores y que no produce frutos, es el símbolo del pueblo de Israel. Religión vacía, estéril, de apariencia, de pura fachada, pero sin frutos de amor y de justicia.  Por eso hay que dejar Jerusalén y volver a Betania, al verdadero templo “en espíritu y en verdad”, la casa que verdaderamente agrada al Padre.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.